Detente

Todos los días eso dice mi mente, detente. Aún no es tiempo. Así tengo deteniéndome desde que ese día lo corrí de mi casa, desde ese día que descubrí que ya no había nada más que costumbre y chingos de recuerdos.

Detente me digo otra vez, me detengo, respiro. Estoy cansada, agotada de los hombres, de sus palabras, sus falsas promesas y su falta de valentía. ¿Por qué esperar tanto tiempo y decirme que soy todo para él? ¿por qué cuando uno no quiere ellos están parados, sin moverse y como si tú fueras un ser superior? ¿por qué no ser claros desde el día cero y dar todo de sí o alejar y soltar de una vez por todas?.

Los dejo a un lado. Me detengo en mi punto medio, ese donde sólo estoy yo. Arreglo lo interior de mi casa física, creo otra vez mi cuarto propio, uno más mío, más intimo donde sólo estoy yo, mi privacidad, mis manías. y mi manera de ser en toda su expresión. Me detengo en la ventana, veo las gotas caer con tanta fuerza, no se detienen, a veces quisiera ser una gota de lluvia, y fluir sin forzar nada, sin forzar a nadie.

Me fuerzo para no sentir, me caigo en picada otra vez. Hago ejercicio para conectarme con mi casa, mi cuerpo, otra vez, estoy en mí. Olvido a los otros y permanezco, me detengo y me siento.

Quiero correr y nunca parar, quiero sonreír de verdad, quiero tantas cosas que a veces no sé lo que quiero.

Mi nueva escuela


Después de que el puente de Benito Juárez se alargara, no había tenido la oportunidad de estar una jornada completa en una escuela, frente a un grupo. Llegué tempranito, conecté mi cañón, mi compu. Mis compañeros me ayudaron a subir los libros. Llegó el papá que mandé a citar porque no quería mandar a su hija a la escuela, hablamos y lo convencí.


Regresé a mi salón de clases, ahora no estaba nerviosa como ese primer día que me paré frente a un grupo. Hoy estuve emocionada, mucho, fue un día muy importante en mi vida profesional.


Recibí a mis alumnos, súper feliz. Primero hice una actividad de reconocimiento de los sucesos, sí, efectivamente, todos absolutamente todos perdimos a alguien en esta pandemia que todavía no termina, y quién sabe si terminará. Hoy estamos aprendiendo a vivir con ella, a seguir con rutinas y a continuar con la educación.


Ellos, ellas, mis alumnos, mis alumnas, expresaron su sentir, tenían ganas de regresar porque perdieron mucho en el encierro, aunque también ganaron. Ganaron tiempo de calidad con su familia, descubrieron hobbies, aprendieron a dibujar, a leer y a tocar algún instrumentos.

Hoy, nos toca a todos dar una parte de nosotros, entregarnos a nosotros mismos y crecer, para superar cualquier obstáculo. Ellos, ellas, dijeron que hoy les toca estudiar porque han perdido mucho tiempo, porque ya es necesario dirigir sus sueños y hacerlos realidad. Es necesario… Actuar.

Mis alumnos ya empezaron a leer su primer libro, unos van a la mitad. Otros apenas están descubriendo cúal libro quieren leer.

Hablamos de las guerras, de las luchas de poderes, de los derechos humanos, del narcotráfico, de los premios nóbeles, de las matemáticas, de las reglas y de ser persona. Sobre todo de ser humanos.

En el momento que les tocó hacerme una entrevista, por primera vez no me preguntaron mi estado civil, ahora, ellos quieren saber:


+¿ Por qué decidió ser maestra?

+¿Qué la despierta todos los días para seguir?

+¿ De qué está agradecida?

+Si no fuera maestra, ¿qué sería hoy?, esta fue la más difícil de todas, les conté que cuando era niña odiaba las barbies; pero descubrí que con ellas y mis peluches podía jugar a ser maestra.

Tantas cosas por aprender, tanto por conversar. Hoy fue mi día cero en la educación.

Regreso a clases esencial

Poco a poca regresamos a un nuevo reto, necesario y sobre todo indispensable. Durante dos años en diferentes lugares di clases en línea, en las piernas siempre tuve a mi hijo, aunque sea un niño grande, él estaba siempre escuchando. No sé si aprendió algo, no sé si le gustaba; pero él prefería mi cuarto que se convirtió en oficina, escuchaba, reflexionaba e incluso se impactaba. Cuando había llantos y silencios incontrolables.

El fin de semana fui a comprar los útiles escolares, me encontré al director de la escuela de mi hijo, me dio felicidad, porque a mi hijo le gusta su escuela y anhela volver. Mientras buscaba los pocos materiales que me solicitaron, escuché comentarios despectivos hacia nosotros los docentes, es súper triste que la sociedad nos consideren flojos, sin quehacer o se molesten porque en fin de semana no contestamos nuestro celular.

A nosotros los maestros nos quitaron nuestra privacidad. Nuestro hogar se convirtió en una escuela, nuestro celular al de un médico en donde teníamos que estar disponibles todo el tiempo. También, nos convertimos en investigadores privados, porque no localizábamos a nuestros alumnos, desaparecían, aparecían y al final, encontramos a todos.

Siento un nudo en la garganta, manejo y en el alto estoy en el limbo, en ese donde sobrepensar está. Brinco y mi corazón se acelera, es un migrante como yo, le digo «me asustaste», él súper apenado me dice «mami, bonita discúlpame por favor». Después sentí calma, y dejé de pensar. Pensar a veces no es la solución sino actuar. Les cuento esto porque así veo los chats con los padres de familia de mis alumnos, las justificaciones, pretextos y demás están súper presentes para no hacer lo que les toca.

Sí, a los padres de familia nos toca llevar a nuestros hijos a la escuela, estar al pendiente de que se bañen, coman, y hagan lo básico para que un ser humano sobreviva, o viva. Depende de cómo se desarrolle su vida. No podemos seguir sin la escuela presencial, no puedo soportar más días con mis alumnos llorar frente a la pantalla o que no puedan pararse de la cama. La educación es esencial, por favor, lleven a sus hijos a la escuela.

Por último, pienso en la muerte, en el Covid (y todas sus variantes), en el cáncer, en mis muertos y en los de los demás. Hoy, dejo de pensar, disfrutemos el momento y tengamos precaución. Cuidémonos.

¡Buen inicio de clases!, todo saldrá bien.

Antes de ti

En algún bosque de Francia.

Hace mucho tiempo creí estar enamorada, busqué entre mis diarios, mis cartas, mis fotografías; pero sobre todo en mi memoria aquellas migajas de amor. No encontré nada. Sólo a mí, sola y ausente, fuera de mí.

Cada que me preguntan si estuve casada y contesto que sí, la cara de las personas es de asombro; pero más aún cuando menciono los años que estuve casada. 12 años, sí. ¿Qué estabas pensando?, nada, simplemente fui educada por las películas de Disney y viví en un contexto donde se hacía tarde sino te casabas joven o tal vez, en donde no quería estar.

Durante estos dos años de soltería conocí a infinidad de hombres, de distintas nacionalidad, colores y tipos de pensamiento extremos. Me adapté, siempre me adapto, eso no es bueno, no lo hagan. Entre esos hombres, me encontré, me reconocí y los abandoné a todos. Desde al más coherente hasta el más obsesivo. Quiero creer que mi libertad la defino yo, y no lo que los demás quieren.

Quiero creer que en alguna parte de mi vida encontraré ese amor real, del que hablan muchos filósofos, ¿de verdad existirá?. Después de Francia, mi ánimo se baja, se sube y no me da hambre. Mis ganas de seguir se elevan, luego caigo en picada. Ahora mismo mi cuerpo está helado, mientras el clima está muy caliente, tiemblo y me duele, siento otra vez mi casa.

Los cambios, la felicidad momentánea, la realidad. Todo eso pega de golpe, no hay nada que decir, no hay nada que buscar. Trabajo en mi casa que se convirtió en un mueble, trabajo en mi mente que algún día se convirtió en una olla de presión, y trabajo en mi alma para que decida amar.

Antes de ti, no sabía qué hacer.

El tiempo es mi aliado

En tiempos de guerra, trabajé en un hotel mientras estudiaba Letras. En tiempos de guerra, aproveché a los policías federales para aplicarles instrumentos para recabar información sobre alimentos, fue un estudio sociolingüístico de la comida, era mi primer semestre, Lili y yo teníamos que salvarlo.

En tiempos de guerra, vi cómo desfilaban las prostitutas, los transexuales en el pasillo del hotel, entendí que en tiempo de guerra todos somos vulnerables. En tiempos de guerra creció el índice de natalidad en Aguascalientes, los secuestros y también los muertos. En tiempo de guerra, mis papás peleaban a todas horas y nunca había tiempo para descansar. En tiempos de guerra se llevaron a mi hermano y luego lo regresaron. En tiempo de guerra, mis papás se dieron cuenta quiénes estaban y quienes no. En tiempos de guerra, caí, me ahogué y Jorge me ayudó a revivir.

En tiempos de guerra, no somos nada ni nadie, sin el otro. Se acabaron los tiempos de guerra para mí, desde que mis papás se divorciaron. Ahora, estoy en tiempos de resistencia, en donde todos nosotros, seguimos siendo vulnerables.

En tiempos de resistencia no sé qué hacer, en tiempos de resistencia quiero volar, pero no sé cómo aterrizar. Quisiera contar mil y unas historias como si estuviera en busca del tiempo perdido, lo haré algún día, porque lo que importa es lo esencial. El diplomado de creatividad me ha impulsado en mi desarrollo espiritual e íntimo, cada día me conozco más, aunque cambie.

Las hojas matinales me ayudaron a renovarme, a conocerme, me curé. Al principio lloré, berreé y de un día para otro, sin darme cuenta, sentí tranquilidad. Fue cuando entendí, que el tiempo de guerra había pasado, ahora tocaba el tiempo de resistencia, en el que necesito estar bien para poder educar a mi hijo, amar a los demás, dar lo que más pueda para cambiar paradigmas en mi entorno, en mi vida.

Esto me hace una mujer más fuerte, más consciente. El diario de la gratitud fue mi aliado, porque a pesar del estrés y las cargas excesivas de trabajo, él me aligeró el paso, reconocer a los demás y a lo que me rodea, me hizo darle más sentido a la vida, ¿de qué sirve hacer algo? ¿por qué tengo que agradecer? , sirve para saberte en los otros, no somos sin el otro. 

En tiempos de resistencia estoy para cumplir mis sueños, alentar el de mi hijo y mi esposo, y sobre todo el de mis alumnos, porque en tiempos de resistencia los profesores somos. Me siento fuerte, creativa y sobre todo capaz de afrontar mi mundo, y ayudar a los demás. En tiempos de resistencia, la creatividad es resiliente y persistente. 

La creatividad me ha enseñado a crear mis propias definiciones sobre todas las cosas, la gente dice muchas cosas, la gente opina sin conocer.Por ejemplo, el otro día alguien me cuestionaba el porqué soy tan mala persona y me alejo de mi familia. Le dije que mi definición de familia no era un apellido, ni una serie de eventos desafortunados. Mi definición de familia es como aquel bello libro… un círculo de personas que te aman. La definición de amor, es todo aquello que te respeta. Una amiga hace un año me dijo que no me preocupara porque sólo somos unos cuantos con los que puedes contar, y los dedos de la mano sobraban.

Cuando voy a terapia, a veces dudo de mi definición de familia, pero mi psicóloga me ayuda a reordenarme, a guiarme para no olvidarme que primero estoy yo ante todo y mi dignidad. En el diplomado de creatividad, leímos a Perec. Perec es cotidiano, como la vida de todos. Él me enseñó a acordarme.

Entonces, me acuerdo de mis papás conversando, incluso dándose un beso. Me acuerdo de las pláticas hasta la madrugada con Jorge, porque está ahí cuando lo necesito. Me acuerdo de Angie porque juntas siempre hemos sido más fuertes, más humanas y más dignas. Me acuerdo de mis tías felices, poniéndose guapas y hablando de todos. Me acuerdo de Bruce que ganó un nacional de Taekwondo a pesar de todo. Me acuerdo de Mariana y su sonrisa al bailar Bellydance porque su expresión superaba la técnica. Me acuerdo de mi mamá preocupada por mi forma de ser tan rara, siempre fue un dilema para ella. Me acuerdo de mi papá, cuando fue a verme correr.

Me acuerdo de Gabriel cuando era el mejor en gimnasia, y ganó todo lo que se puede ganar. Me acuerdo de Hanna, Anna y Erika que juntas, y hasta la madrugada hacíamos los trabajos, las fiestas y lo que fuera. Me acuerdo de Pollo cuando entrenamos juntos. Me acuerdo de Hugo y el oso de peluche que me regaló lleno de loción siete machos. Me acuerdo cuando para mí lo más importante era correr. Me acuerdo cuando nació Emilio, y me la pasaba llorando. Me acuerdo cuando caminó y todas las veces que se cayó. Me acuerdo de tantas cosas que nunca terminaría. Me acuerdo de las tardes, mañanas y a veces noches cuando Lili y yo no dejamos de hablar de lo que sea. Me acuerdo de Charlie, Esteban, Adán y Leo discutiendo sobre algún autor de literatura. 

Me acuerdo de lo cotidiano, lo simple de lo que más me llena.

La vacunación es la esperanza de los que quedamos

La muerte duele más a los vivos, veces pienso y repienso eso. ¿Qué es la muerte?, simplemente algo seguro que tenemos. Pasará en cualquier momento, incluso sigilosamente, sin darnos cuenta.

Las pláticas de hoy son sobre los que se adelantaron, los que no alcanzaron la vacuna y no por su culpa, ni la de nadie. El Covid los resistió, atacó y venció. Las historias son tantas, las lágrimas que derramamos juntos y el hondo vacío que nos dejan esas muertes nos hace creer que la pandemia llegó para arrasar, sin ver vidas, sueños y anhelos. Sin saber que las personas eran felices o infelices.

Estoy en mi última sesión con mis alumnos, los contengo. Se escuchan sollozos, vacíos, lágrimas de dolor. Pero estamos todos hablando del dolor que sentimos, ese tan insistente.

Proyecto un video de un papá cuidando a su hija en el hospital, les leo «El pato y la muerte», hablamos sobre ella, la innombrable, la que nos hace darnos cuenta que tenemos un cuerpo que siente y habla. Después, les leo algo que escribí, sobre mi abuela, sobre la enfermedad y su muerte. Ellos hablan desde su alma, lloran y entre ellos, entre todos nos damos un consuelo. Virtual pero consuelo. Virtual pero se siente.

Mis alumnos hicieron unos textos dolorosos, pero hermosos. Mis alumnos y yo supimos contenernos y escucharnos.

Vacúnense todos. Muchos se quedaron en el camino de la esperanza, crean en la ciencia. Crean en que si estamos aquí es para seguir. Recen, oren o sientan a los que ya se fueron. Desahoguen todo, pero salgan del dolor. No escapen, pero salgan.

La mediación lectora como camino para la reconstrucción del tejido social en el marco de una cultura de paz.

Desde que era niña soñé con un mundo ideal, como todas las películas de Disney me enseñaron, encontrar al príncipe azul y ya, no había más historia. Desde que conocí los libros soñé con un mundo real, en donde tenía que luchar por cumplir mis metas, hacer lo que me gustara y no lo que la sociedad quisiera que fuera. 

Fue un camino lleno de puertas abiertas y cerradas, no encontré la certeza cuando hubiera querido, podría recordar todas las lecturas que me trajeron hasta aquí, pero sólo recuerdo aquella noche cuando me enteré que mi novio me era infiel, el mundo se me desplomó y yo estaba en mi cuarto, sentada, mirando los libros, creyendo en mí.Empecé a leer, leer y desde ese día no he parado.

 Agradezco a la infidelidad, a los libros indicados que estaban ahí, pero sobre todo a las letras que en ese momento fueron mi cura. Desde que decidí estudiar Letras Hispánicas quería ayudar al otro, si yo pude sentirme bien con la literatura, ¿por qué los demás no?. Un compañero de clases, me invitó a ser parte del Diplomado de Profesionalización para Mediadores de Salas de Lectura, de verdad, no sabía qué haría ni porque decidí aceptar, 

En los primeros días, me sentía rara, inmersa en un mundo en el que yo quería estar, donde me sentía yo misma. Podría decir que la literatura salva vidas, pero no lo sé de cierto. Los ojos brillantes de todos los niños que han pasado por mis salas de lectura itinerante, me ha hecho creer eso. Cómo un niño gracias a la lectura puede desarrollarse cognitivamente de un día para otro, interesarle más mucho y de repente, ser también promotor de lectura. Así pasa en este camino del mediador, te vas topando con sorpresas, con fantasía e imaginación, de pronto ves cómo se empieza a crear esa cadena de lectores.

Cuando tuve mi primer sala de lectura, al pasar seis meses y un día, nos corrieron, estaba ubicada en un orfanato, les llamó la atención que estuviéramos haciendo pensar a los niños, eso era malo, pues podían rebelarse, todo terminó cuando nos dimos cuenta que golpeaban a los niños, nos cambiaron por la clase de yoga y no había tiempo para más lectura. Los niños, empezaban a ser promotores en sus escuelas, recomendaban libros a sus maestros y hablaban de las maravillosas historias que hay en los libros.

A veces, me pongo a reflexionar sobre lo que hace el acto de leer en nosotros,  aparte de ayudarnos a pensar, a ser críticos, la lectura nos abre los ojos, puertas y sobre todo mundos. Ver al otro, entenderlo y ser parte de él, nos hace crear paz. Alejarnos de los prejuicios, pero sobre todo evitar la discriminación, racismo y todas esos malestares que toda sociedad tiene. 

Desde hace tres años estoy realizando una práctica muy novedosa, todo empezó cuando fui Libro Humano en una Biblioteca Humana realizada en la ciudad de Aguascalientes, entendí el término tan complejo de la otredad. Entonces, mientras yo lidiaba con los pensamientos, de cómo podría lograr erradicar la violencia en mi entorno donde laboro, recordé esa estrategia que surgió en Dinamarca para que la gente se quitara los prejuicios y conociera al que juzgaba. 

Mezclé el grupo donde realizó la sala de lectura, junté a personas que nunca se habían hablado, les di un cuestionario, por dos horas, se leyeron, se creó un espacio armónico donde la paz fue lo que imperó. Después, lo aplicamos en la zona escolar, entre escuelas, resultó un éxito, los niños estaban tan motivados que en ningún momento sintieron la necesidad de irse. Crearon una comunidad sin conocerse, se escucharon y fueron empáticos entre ellos. 

Otra estrategia que me funcionó fue reunirlos en parejas para que uno le lea al otro, al final, hacemos un círculo muy grande en donde el que escuchó comparte el libro que le leyó su compañero. 

La experiencia más enriquecedora que he tenido en todo este tiempo como mediadora de lectura, es darme cuenta cómo las personas nos descubrimos en el libro, y que leer es un acto puro en donde nos encontramos a nosotros mismos, nos fortalecemos con la experiencia del otro, y miramos desde otras perspectivas. Amo fomentar la lectura tanto como amo la vida. 

11 años de maternidad

Que la luz en tus ojos nunca se apague. Hace 11 años, era una niña. Tú estabas entre mis brazos y no sabía qué hacer, ni siquiera cómo cargarte o darte pecho. Lloraba en silencio mientras tú dormías, porque sentí una imposibilidad de ser madre.Eras tan enorme y yo tan pequeña. Te abrazaba, lloraba contigo porque no sabía que hacer. Ponía música clásica, te leía todas las noches novelas, poesías, cuentos. Esa fue mi única herramienta para demostrarte amor.

No pude con la lactancia, porque aunque la leche se derramaba, yo me desesperaba cuando llorabas.Las noches en el hospital cuando no respirabas eran eternas, escribí diarios, y todo lo que te ponían por tu catéter. Estaba agotada y poco a poco me olvidé de mí.

Tú no hablabas, y ahora eres el ser más curioso, lógico y maravilloso que conozco. No reías, y ahora escucho tus carcajadas.Es difícil comprender que no se viene al mundo a ser buena o mala madre, sino a comprender a los otros, a los tuyos, con los que vives, convives y creces.

Estoy orgullosa de verte feliz e independiente.Emilio, te amo con toda mi alma.

Paternidad



Para mí es difícil comprender las nuevas paternidades. Crecí en un hogar donde la prohibición, el miedo y la culpa eran el pan de cada día. Un día decidí guardar silencio y no enfrentarme a lo que debería haberme enfrentado.

Últimamente, dejé un poco de lado mis estudios, mi trabajo, para visitarlo. Mi padre es un personaje, eso siempre digo cuándo me preguntan por él. Tiene facilidad de palabra, una mente que no para, siempre hay algo nuevo por hacer o emprender.

Mi padre aprendió a serlo como lo vivió en su infancia. Violencia psicóloga, física y verbal. Huyó de eso, en silencio. Un silencio que duró años. Mientras él iba en la maleta de una señora para pasar la frontera, sus padres estaban en una casa de cartón llena de personas.

Las últimas ocasiones en las que lo he visitado, sus palabras son de aliento y arrepentimiento : «hija, discúlpeme por nunca haberte enseñado a amar como se debe, a darte un abrazo y un beso de buenas noches». Creo que siempre es tiempo de hablar, de sanar; pero sobre todo, de reconocer.

Gracias papá, por encontrarte después de tanto.

¡Feliz día !

Mi infancia la viví en el Salón del Alba

Desde que nací viví en un hotel, mi casa sólo la usaba para dormir. Mis papás me enseñaron que lo más importante era trabajar, lo demás vendría solo.

En ese hotel, había un salón de eventos sociales. Ahora ese salón, desapareció, los lugares también tienen fecha de caducidad.

Mi infancia fue eso, un enorme salón, vacío, lleno de tierra, con un rodeo y láminas de techo. Mientras mis padres peleaban por cómo organizar el hotel, yo patinaba por horas dentro de ese enorme salón, muchas personas le llamaron Cholalba y entre otros sobrenombres. Generalmente se organizaban bailes para cholos, era un negocio muy familiar, yo, mi mamá y mis tías a veces éramos las taquilleras, estábamos sentadas por horas viendo dentro para afuera lo que pasaba. Alcohol, drogas, prostitución.

Las noches pasaban muy rápido, a veces caía y dormía en un cuarto de hotel. Otras estaba detrás de los escenarios escuchando a mi artista favorito. Muchas veces me tocó preparar la comida para los artistas, e incluso conversar con ellos. Mi infancia fue eso, un salón, un hotel, adultos por todos lados. Y yo explorando todo lo que pasaba, me escondía, descubría secretos y a veces me ponía a escribir.

Mis fiestas siempre fueron ahí, una disco, con mucha comida y Dj. Después de un baile, los artistas fueron y tocaron a mis XV años, yo pensaba en nada. En ese tiempo sólo quería viajar y seguir corriendo, pero cada rato estaba inmersa en el enamoramiento.

En ese salón aprendí de la diversidad, por primera vez tuve interacción con cholos, trasvesti, fresas y de todas las clases sociales. Los observaba y para mí siempre eran iguales: humanos. A veces, me ponían a cobrar en la entrada del baño, los transexuales entraban a los baños de mujeres, era hermoso ver su cara de aceptación porque yo nunca dije nada.

Amaba la vestimenta de las cholas, imaginaba de vez en cuando todo el proceso para llegar a ese outfit.

Mi infancia fue eso, un salón de eventos masivos. Ahora, evolucionó como todo.

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