Ser maestra y madre

Las clases en línea son muy funcionales, la mayoría de mis alumnos asisten, ponen atención, participan y han avanzado de una manera impresionante. Lo preocupante aquí es que los que antes tenían un excelente desempeño están desapareciendo porque tienen que hacer responsabilidades extras: ser papás de sus hermanitos. Me escriben desesperados diciéndome que no pueden conectarse porque deben mandar las tareas de sus hermanos, cuidarlos, no dejarlos solos.

Es cuando pienso mucho en la importancia de ser padres y no parecer, sé que es complicado por la economía, por los problemas personales que cada uno enfrenta en su vida. Pero, me pongo a pensar : ¿para qué tener hijos si no vamos a tener tiempo para ellos? Pienso en mi hijo y en todas las clases que ha tomado de manera obligatoria desde que nació, él ya cursó desde la licenciatura hasta el doctorado en mis piernas, ya se sabe de memoria mis clases e incluso es un buen crítico, me dice cuando fue muy aburrida o interesante.

Lo veo a el siempre debajo de mi escritorio, de mis piernas jugando videojuegos, viendo videos de risa en donde mejor prefiere irse para que no se escuchen sus carcajadas. Pienso en él cuando escucho a mis alumnos quejarse de sus padres, pienso en todo lo que he dejado de hacer por él y lo he hecho por mí.

Todos esos días en el que tuvo que ser mi acompañante y mi asistente desde las 7am hasta las 8pm, en donde valoró que mi trabajo sí era de verdad y no lo que a veces pensó. Ser maestra es fácil, es cansado, es agotador y en veces, sacrificas a tus seres queridos por el bien de los demás. Hoy soy más consciente, más viva y humana.

Nuestros hijos al final del día son lo que nosotros les enseñemos, son el ejemplo que les damos. Son todo eso que odiamos de nosotros mismos pero ellos se lo apropian. Ser padre es una responsabilidad muy grande, tan grande que aprendes de ellos más que de lo que tú les puedas enseñar.Ser padre, ser madre es algo que uno va aprendiendo con el tiempo, no hay manuales, no hay insignias ni diferencias de ser bueno o malo, sólo somos, y ellos lo van reconociendo, aceptando e incluso, rechazando.

Ser maestra y madre en pandemia me ha dado mucho más de lo que en presencial tuve. Pongan límites por amor, pongánlos de prioridad; pero primero ustedes. Como dicen en los aviones «póngase la máscara o el chaleco (dependiendo del caso) y ya después ayude al otro».

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