Patética desde que aprendí a decir no

Ya me aburrí de contar los días, meses y años de mi soltería. Ya me aburrí de los mensajes, invitaciones a salir y promesas sin cumplir. Ya me canso el no eres tú, soy yo.

Últimamente, soy patética y al parecer incompleta para una sociedad donde sólo se piensa que Romeo y Julieta era una historia de amor , mas no de poder.

Constantemente las personas me cuestionan sobre mi estado civil como si se me estuviera yendo el tren. Ese tren de la dependencia, de ser feliz a lado de tu media naranja, de jugar a la casita y a que somos la familia perfecta. Espero que se vaya ese tren y no vuelva.

Un alumno me decía justo hoy, que se sentía mi libertad, mi independencia. Dijo «usted, maestra, se nota que no necesita a nadie, siga así viajando por el mundo». Pensé, un poco, después flui.

Hace algunos meses, algunos días, sentía la necesidad de una cobija incluso para ir al súper. Mi corazón en este momento palpita, arde y se calma porque está en paz. Mis oídos se aturden, poco a poco se funden los sonidos, se paraliza. Me paralizo.

El teléfono suena todo el día, ya puedo apagarlo, lo guardo mientras doy mi clase. Me buscan porque no contesto los mensajes. Lo dejo apagado. Así como debí hacerlo hace tiempo. Apagarlo y dormir. Apagarlo y sentir. Apagarlo y olvidar.

O digo que no, a todo lo que no quiero. Eso aprendí en terapia de mi historia, en los libros y en los otros.

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