La mediación lectora como camino para la reconstrucción del tejido social en el marco de una cultura de paz.

Desde que era niña soñé con un mundo ideal, como todas las películas de Disney me enseñaron, encontrar al príncipe azul y ya, no había más historia. Desde que conocí los libros soñé con un mundo real, en donde tenía que luchar por cumplir mis metas, hacer lo que me gustara y no lo que la sociedad quisiera que fuera. 

Fue un camino lleno de puertas abiertas y cerradas, no encontré la certeza cuando hubiera querido, podría recordar todas las lecturas que me trajeron hasta aquí, pero sólo recuerdo aquella noche cuando me enteré que mi novio me era infiel, el mundo se me desplomó y yo estaba en mi cuarto, sentada, mirando los libros, creyendo en mí.Empecé a leer, leer y desde ese día no he parado.

 Agradezco a la infidelidad, a los libros indicados que estaban ahí, pero sobre todo a las letras que en ese momento fueron mi cura. Desde que decidí estudiar Letras Hispánicas quería ayudar al otro, si yo pude sentirme bien con la literatura, ¿por qué los demás no?. Un compañero de clases, me invitó a ser parte del Diplomado de Profesionalización para Mediadores de Salas de Lectura, de verdad, no sabía qué haría ni porque decidí aceptar, 

En los primeros días, me sentía rara, inmersa en un mundo en el que yo quería estar, donde me sentía yo misma. Podría decir que la literatura salva vidas, pero no lo sé de cierto. Los ojos brillantes de todos los niños que han pasado por mis salas de lectura itinerante, me ha hecho creer eso. Cómo un niño gracias a la lectura puede desarrollarse cognitivamente de un día para otro, interesarle más mucho y de repente, ser también promotor de lectura. Así pasa en este camino del mediador, te vas topando con sorpresas, con fantasía e imaginación, de pronto ves cómo se empieza a crear esa cadena de lectores.

Cuando tuve mi primer sala de lectura, al pasar seis meses y un día, nos corrieron, estaba ubicada en un orfanato, les llamó la atención que estuviéramos haciendo pensar a los niños, eso era malo, pues podían rebelarse, todo terminó cuando nos dimos cuenta que golpeaban a los niños, nos cambiaron por la clase de yoga y no había tiempo para más lectura. Los niños, empezaban a ser promotores en sus escuelas, recomendaban libros a sus maestros y hablaban de las maravillosas historias que hay en los libros.

A veces, me pongo a reflexionar sobre lo que hace el acto de leer en nosotros,  aparte de ayudarnos a pensar, a ser críticos, la lectura nos abre los ojos, puertas y sobre todo mundos. Ver al otro, entenderlo y ser parte de él, nos hace crear paz. Alejarnos de los prejuicios, pero sobre todo evitar la discriminación, racismo y todas esos malestares que toda sociedad tiene. 

Desde hace tres años estoy realizando una práctica muy novedosa, todo empezó cuando fui Libro Humano en una Biblioteca Humana realizada en la ciudad de Aguascalientes, entendí el término tan complejo de la otredad. Entonces, mientras yo lidiaba con los pensamientos, de cómo podría lograr erradicar la violencia en mi entorno donde laboro, recordé esa estrategia que surgió en Dinamarca para que la gente se quitara los prejuicios y conociera al que juzgaba. 

Mezclé el grupo donde realizó la sala de lectura, junté a personas que nunca se habían hablado, les di un cuestionario, por dos horas, se leyeron, se creó un espacio armónico donde la paz fue lo que imperó. Después, lo aplicamos en la zona escolar, entre escuelas, resultó un éxito, los niños estaban tan motivados que en ningún momento sintieron la necesidad de irse. Crearon una comunidad sin conocerse, se escucharon y fueron empáticos entre ellos. 

Otra estrategia que me funcionó fue reunirlos en parejas para que uno le lea al otro, al final, hacemos un círculo muy grande en donde el que escuchó comparte el libro que le leyó su compañero. 

La experiencia más enriquecedora que he tenido en todo este tiempo como mediadora de lectura, es darme cuenta cómo las personas nos descubrimos en el libro, y que leer es un acto puro en donde nos encontramos a nosotros mismos, nos fortalecemos con la experiencia del otro, y miramos desde otras perspectivas. Amo fomentar la lectura tanto como amo la vida. 

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